Indústria cultural i cultura

Elvira Lindo fa un encertat comentari sobre la banalitat a la que ens porta la indústria cultural en el seu afany de rendibilitat.

La pregunta és si no ha arribat un punt en que l’autoanomenada indústria cultural o els mass media no son una amenaça per la Cultura, amb majúscula?

S’ha de centrar el debat només en el mal que fan internet i les descàrregues a la indústria cultural (que no a la cultura, segurament), o l’ampliem? Perquè no parlem també de la porquería que emeten les televisions? De la premsa polititzada i pamfletaire? De la guionització de la literatura: ritmes trepidants i acció buida de sentit? La culpa de què s’escrigui malament és només dels sms? No té res a veure que es baixi el nivell de l’educació? De que es cridi a la televisió, que emet patrons de comportament?

Monetaritzar-ho tot i, sobretot, valorar-ho tot en funció de la seva rendibilitat econòmica no ens portarà a cap lloc bò.

3 thoughts on “Indústria cultural i cultura”

  1. Todos vivimos nuestras contradicciones tantas veces inevitables (¿cómo suelgo mi mac, con la dependencia de usabilidad y producción que he generado?). Elvira Lindo lo dice formando parte del show de “los más vendidos”. No sé si entra en el rollo de los derechos de autor, pero su marido sí, de modo rotundo en su defensa: y, sin embargo, ambos viven más de continuo de sus otras ocupaciones. El establishment cultural son también ellos, las estrellas, que están agazapadas en un modelo económico al que le piden algo que no puede dar: que se ocupe de las minorías. Ha entendido mal la promesa de la especialización: no se puede dar en medios diseñados para la comunicación de masas y con tamaños de mercado limitados al estado nacional.

  2. Estoy de acuerdo, Gonzalo: los medios de comunicación de masas no están diseñados para minorías, o no al menos con los conceptos económicos de rentabilidad y los límites geográficos hasta ahora tenidos en cuenta. Pero quizás con nuevos medios de producción no tan costosos y dirigiéndose a un público que inevitablemente tendrá que ser minoritario, o agrupado, o no generalista, no sé cómo llamarlo, pero que no tiene porqué estar encorsetado por límites nacionales, sino que puede estar agrupado por intereses culturales, por ejemplo; quizás ahí pueda hallarse una solución para generar más calidad que la únicamente analizada por criterios económicos. Pero aún y así, habrá problemas: idioma, referencias culturales diferentes por la localización geogràfica del público…

    Sea como sea, es una lástima que la tendencia de los grandes grupos de producción “cultural” tienda muchas veces únicamente al criterio mercantilista, al más beneficio, y para eso se rebaje la calidad del producto. A la larga no acaba siendo ningún favor para la sociedad, pero quién hallará la fórmula mágica, el equilibrio adecuado?

  3. Pero es que a mi no me parece mal que sean mercantilistas o que vayan al más beneficio: que no sea así es una ficción. Y, es más, es perfectamente ético. La cuestión no reside en eso, reside en si emplean métodos inmorales, y la formulación actual de la propiedad intelectual lo es. Eso por un lado.

    El mercantilismo de la cultura ha dado El Padrino, no debe olvidarse. O los discos de Elvis y las grabaciones de todas las óperas. La gente confunde que eso se hizo con un tipo de incentivos y unos modelos de negocio surgidos de una tecnología hoy superada. Una pregunta es si esos incentivos siguen siendo necesarios y legítimos, pero lo que es seguro es que con otra tecnlogía el “mercantilismo” producirá otras obras. Nuestra ministra cree que si desapareciera el copyright, la cultura sería amateur. La verdad, no sé si se refiere a todos los autores que no viven de sus obras y las realizan part-time.

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